Llevamos años denunciando una realidad que miles de docentes conocen demasiado bien. La educación pública se ha sostenido durante décadas gracias al esfuerzo de profesionales interinos que han enlazado contratos temporales una y otra vez para cubrir necesidades permanentes del sistema.
Muchos han cambiado de centro cada curso. Otros han tenido que rehacer su vida personal cada septiembre sin saber dónde trabajarían. Algunos acumulan 15 o 18 años de interinidad, demostrando cada día su valía en las aulas, pero sin la estabilidad que cualquier trabajador merece.
Y ahí está la gran contradicción: lo que se exige a la empresa privada no se le exige a la empresa pública.
Cuando una empresa privada abusa de la temporalidad, la ley actúa. Sin embargo, en el sector público se ha permitido durante años una situación que ha terminado por convertirse en costumbre. Como si fuera normal vivir siempre en provisionalidad. Como si fuera razonable construir una escuela pública estable con docentes inestables.
Europa vuelve a poner el foco

La sentencia Obadal conocida hoy no resuelve de golpe todos los problemas acumulados durante décadas, pero sí vuelve a señalar algo esencial: el abuso de la temporalidad existe y necesita respuestas reales.
Sabíamos que hoy Europa no iba a convertir automáticamente en fijos a cientos de miles de personas. La magnitud del problema hace imposible una solución mágica e inmediata.
Pero también sabíamos algo importante: Europa no iba a mirar hacia otro lado.
Y no lo ha hecho.
La sentencia vuelve a recordar que no se puede normalizar la precariedad en el empleo público, ni permitir en la Administración lo que se sanciona en otros ámbitos laborales.
Nuestra obligación como sindicato: estar en las dos batallas
Desde TU Docentes creemos que este momento exige responsabilidad. Y la responsabilidad pasa por no elegir entre una vía u otra, sino por trabajar en ambas.
Por un lado, vamos a seguir acompañando a cada compañero que quiera reclamar individualmente su situación. Hay personas que han sufrido años de abuso y merecen apoyo, información y defensa jurídica seria.
Eso sí, siempre diremos la verdad: cada procedimiento depende de cada caso, de cada tribunal y de cada interpretación judicial. Nadie responsable puede prometer éxitos seguros.
Nosotros no vendemos humo. Acompañamos con honestidad.
Pero también sabemos que no basta con mirar al pasado.
No queremos estar dentro de diez años hablando de lo mismo
De poco sirve intentar reparar injusticias antiguas si seguimos creando nuevas injusticias cada septiembre.
Por eso, además de acompañar a quienes hoy reclaman, queremos impulsar un cambio profundo del sistema para que dentro de diez, veinte o cincuenta años ningún docente vuelva a vivir esta misma situación.
No queremos que la temporalidad siga siendo la puerta de entrada habitual a la profesión docente.
No queremos seguir viendo a buenos profesionales pasar años enteros en incertidumbre.
No queremos centros educativos cambiando continuamente de plantilla sin posibilidad de consolidar proyectos sólidos.
Medidas que pueden empezar ya en Cantabria
En nuestra comunidad defendemos una propuesta sencilla y útil: periodos de vacancia de dos cursos.
Esto permitiría mayor continuidad pedagógica, plantillas más estables y menos rotación constante. Ganarían los docentes, los centros y, sobre todo, el alumnado.
Porque cada cambio de profesor no es solo un trámite administrativo. También rompe dinámicas, vínculos y proyectos educativos.
Mirar al futuro: modelo DIR
Además, proponemos una reforma profunda del acceso docente mediante el modelo DIR (Docente Interino Residente).
Creemos que el acceso a la función pública docente debe desarrollarse durante tres años en un centro público, con formación en el propio centro y una evaluación global, continua y formativa.
Queremos valorar a los futuros docentes por su trabajo real en las aulas, su evolución profesional, su capacidad pedagógica y su compromiso diario.
Enseñar bien no se mide solo en unas horas de examen.
No venimos solo a protestar, venimos a proponer.
Venimos a acompañar a quienes sufren hoy las consecuencias de un sistema injusto.
Venimos a defender soluciones individuales cuando sean necesarias.
Y venimos a construir un modelo nuevo para que los docentes del futuro no hereden la precariedad de los últimos cincuenta años.
Porque una escuela pública fuerte necesita docentes estables.
Y porque la educación merece algo mejor que vivir siempre en provisionalidad.
