Esta es la situación real de una compañera del sindicato TÚ, una docente que, como tantas otras en Cantabria, vive cada curso con una incertidumbre que se ha convertido en rutina.
Cuando llega junio recoge su aula sin saber si volverá a ocuparla en septiembre. Guarda materiales preparados con esfuerzo, desmonta trabajos realizados durante meses y se despide de alumnos con los que ha construido un vínculo que quizá no pueda continuar. No es una decisión profesional ni personal; simplemente forma parte de la condición de interinidad dentro del sistema educativo.
Durante el verano su atención se centra en la lista pública de interinos. Consulta posiciones, revisa adjudicaciones y analiza las vacantes que se ofertan. En Cantabria nadie llama; cuando se publican destinos, cada docente decide si solicita una plaza y asume las consecuencias de esa elección. Esa decisión puede implicar desplazarse a otra ciudad, reorganizar la vida familiar o aceptar una sustitución de duración incierta. Cada movimiento en la lista condiciona meses de estabilidad personal.


Cuando finalmente obtiene destino, comienza de nuevo. Se incorpora a un centro con dinámicas ya establecidas, se integra en un claustro que ha trabajado previamente sin ella y debe adaptarse con rapidez a proyectos que no diseñó. En cuestión de días aprende nombres, conoce al alumnado, asume tutorías o responsabilidades y responde a las necesidades del aula con la misma profesionalidad que cualquier otro docente con plaza definitiva.
Al mismo tiempo, la provisionalidad marca su vida personal. Las decisiones importantes se posponen, la planificación a largo plazo se vuelve compleja y la sensación de continuidad es frágil. Cada curso puede significar empezar de cero, tanto profesional como personalmente.
La educación en Cantabria se sostiene en buena medida sobre estos profesionales que trabajan con entrega plena pese a no contar con estabilidad. Construyen proyectos sin saber si podrán darles continuidad y acompañan al alumnado sin garantías de permanecer en el centro el curso siguiente. Esta realidad no suele ser visible fuera de las aulas, pero forma parte estructural del sistema.
Si aspiramos a fortalecer la calidad educativa, resulta legítimo preguntarse hasta qué punto la inestabilidad permanente favorece la continuidad pedagógica y la consolidación de equipos docentes. La estabilidad no es una reivindicación individual; es una condición que repercute directamente en el funcionamiento de los centros y en el bienestar del alumnado.


Desde TÚ – Docentes Unidos defendemos un modelo que reduzca la provisionalidad estructural y que permita al profesorado interino desarrollar su labor con mayor continuidad. Apostar por la estabilidad es apostar por una educación más sólida y coherente para Cantabria.

Publicado por Pablo

El Método SINAPSIS es una forma de enseñanza viva, activa e inclusiva donde el alumnado se mueve, siente, crea y comparte. Cada experiencia se organiza en tres momentos muy claros: Despertar neuronas: activamos cuerpo y mente con dinámicas cortas y motivadoras. Crear neuronas: los estudiantes construyen, escriben, dibujan, investigan y producen. Compartir neuronas: el aprendizaje se vuelve social al explicar, presentar y comunicar.

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