Cada vez que se publican los resultados del informe PISA vuelve el mismo debate. Se comparan cifras, se analizan posiciones y se buscan explicaciones rápidas. Sin embargo, pocas veces se aborda una cuestión estructural que influye directamente en el funcionamiento diario de los centros: la estabilidad del profesorado.
España mantiene desde hace años una tasa de temporalidad docente superior a la de muchos países europeos. En torno a un tercio del profesorado trabaja con contratos temporales. No se trata de situaciones aisladas, sino de una dinámica estructural que afecta a miles de docentes que cambian de centro con frecuencia y que, en muchos casos, no pueden consolidar proyectos educativos a medio y largo plazo.

La comparación europea
Si observamos países como Dinamarca, la diferencia es evidente. Allí la estabilidad es la norma y la temporalidad es residual. Esta realidad se produce en un contexto donde los resultados educativos, según PISA 2022, superan de forma sostenida los obtenidos por España en áreas como matemáticas, lectura y ciencias.
No se trata de establecer una relación simplista de causa y efecto. La educación es un fenómeno complejo donde influyen factores sociales, económicos y culturales. Sin embargo, cuando las diferencias estructurales son tan marcadas, resulta legítimo preguntarse hasta qué punto la estabilidad profesional contribuye a generar mejores condiciones para el aprendizaje.
Continuidad pedagógica y calidad educativa
La educación necesita continuidad. Los proyectos necesitan tiempo para consolidarse. Los equipos docentes necesitan estabilidad para coordinarse, evaluar y mejorar de manera coherente. Cuando la rotación del profesorado es elevada, esa continuidad se debilita y el sistema pierde cohesión.
Un docente que permanece en un centro puede acompañar a su alumnado durante procesos largos, conocer profundamente el contexto y desarrollar estrategias sostenidas en el tiempo. Cuando cada curso implica comenzar de nuevo, el esfuerzo se fragmenta y el impacto se diluye.
Hablar de estabilidad no es hablar de privilegios laborales, sino de condiciones pedagógicas. La calidad educativa no depende únicamente de los contenidos curriculares o de las metodologías innovadoras; también depende de la estructura que sostiene el sistema.
Una reflexión necesaria
Si aspiramos a mejorar los resultados educativos, no basta con analizar cifras o reformar programas. Es necesario revisar las bases estructurales que sostienen el modelo. La estabilidad docente no garantiza por sí sola el éxito, pero la inestabilidad crónica dificulta cualquier mejora sostenida.
No se puede exigir excelencia en un sistema que normaliza la incertidumbre profesional.
Nuestro compromiso

Desde TÚ – Trabajadores Unidos defendemos que la estabilidad del profesorado debe formar parte central del debate educativo en Cantabria y en España. Apostamos por medidas concretas que reduzcan la temporalidad estructural, que favorezcan la continuidad pedagógica y que permitan consolidar proyectos educativos sólidos.
Proponemos avanzar hacia modelos que prioricen la permanencia mínima en vacante durante al menos dos cursos, que eviten la rotación innecesaria y que respeten el principio europeo de sancionar el abuso de la temporalidad en el empleo público. La estabilidad no es un privilegio sindical; es una condición para mejorar el sistema educativo.
Si queremos resultados diferentes, necesitamos estructuras diferentes. Y eso implica asumir que la calidad educativa también se construye desde la estabilidad profesional de quienes sostienen cada día nuestras aulas.
La temporalidad docente no es solo un problema laboral. Es una cuestión educativa. Y es hora de abordarla con responsabilidad y con decisión.
